La SERIE II presenta la sabiduría bíblica que es necesaria para tener una vida fructífera en el matrimonio, familia y trabajo.

Tanto la relación matrimonial como la vida familiar se encuentran en el corazón mismo de los primeros principios. Al inicio, las normas cristianas para la relación matrimonial podrán parecernos arcaicas, irrelevantes a nuestra cultura contemporánea. Con todo, una vez que realmente las entendemos, comenzaremos a ver la sabiduría de Dios. Comprenderemos su belleza y los frutos que producirán en las generaciones por venir.

Veremos que el diseño de Dios para el matrimonio y la familia no es un conjunto de normas que le quitarán todo el atractivo y las satisfacciones. (Lo puritano ha sido rede nido históricamente en nuestra cultura como aburrido y extremadamente recatado). Pero cuando estas normas se entienden y se siguen correctamente, traerán un gozo profundo y duradero en cada aspecto de su matrimonio y vida familiar.


Una de las razones por las que la iglesia fracasa en transmitir la
fe con éxito de generación en generación es que las iglesias no están apropiadamente establecidas en los primeros principios. No tenemos ningún “catecismo” moderno para establecer rmemente los primeros principios. No tomamos en serio la capacitación de los padres en la importante y crucial tarea de “la crianza de los hijos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). La mayoría de los padres no están capacitados en los primeros principios. Después que Martín Lutero visitó su país y se dio cuenta del estado de las iglesias (él incluso se re rió a los clérigos como bárbaros sin educación), regresó a su estudio y escribió su “pequeño catecismo” para empezar el proceso de enseñanza a los padres sobre cómo liderar sus hogares y formar a sus hijos. Necesitamos empezar este mismo proceso en nuestros hogares hoy en día. Si esperamos revertir el éxodo de los jóvenes adultos de nuestras iglesias, debemos empezar por tomar muy en serio la importancia de los padres -especialmente los papás- en la transmisión de la fe a sus hijos.


Si entendemos el modelo de Dios para la familia y la iglesia, podemos vivir vidas plenas, bíblicas y fructíferas en cualquier cultura. El trabajo es una parte central de la vida familiar y de la iglesia. En consecuencia, como cristianos, debemos desarrollar un entendimiento bíblico del trabajo, lo que significa que debemos empezar a nivel de los primeros principios. De hecho, cuanto más reflejemos los primeros principios del trabajo, parece más posible que estos sirvan también como un subconjunto central de los primeros principios del ministerio. Si no logramos entender los primeros principios del trabajo, esto podría llevarnos a toda suerte de visiones distorsionadas del ministerio.


Aunque es muy importante ser responsable y planear el futuro, esto no debería ser el centro de la vida de un discípulo de Jesucristo. No sólo el trabajo ha sido distorsionado en nuestra cultura occidental contemporánea e individualista, sino también el n mismo de nuestro trabajo. El trabajo es principalmente visto como tener recompensas para el individuo, tales como una seguridad en su jubilación y en sus nanzas, en lugar de verdaderos hechos heredables. En la riqueza del occidente, hemos establecido nuestras vidas en un curso que conduce a una herencia temporal y muy super cial. El éxito se de ne en términos de dinero y posesiones.

El verdadero éxito es mucho más profundo y más completo que la seguridad nanciera y el goce de la vida. El Verdadero Éxito se centra en una vida dentro de la iglesia local y totalmente comprometida con la expansión del evangelio.